jueves, 2 de febrero de 2017

         Casa de la Contaduría- Museo Catedralicio

      La Casa de la Contaduría está asentada sobre la cávea del Teatro Romano, en el lado que da al poniente, que construyó para sus conciudadanos Cornelio Balbo el Menor en el siglo I a. C.

      
          
      Situada en la plaza de Fray Félix, uno de los rincones más bellos, cuya urbanización se encuentra, exactamente igual, que en el XVII, incluso con los cantos rodados que se traían de varios ríos americanos que servían de lastre para los barcos, está junto a la Iglesia de Santa

Cruz, es un edificio del siglo XVI, anterior al asalto inglés a la ciudad. En él se encuentra la torre campanario de la iglesia, situada probablemente sobre el lugar que ocupó un antiguo minarete. Esta disposición separada de la iglesia ha hecho pensar en su posible origen musulmán, correspondiente al alminar de la antigua mezquita mayor que aquí se situaba, por lo que se podría haber aprovechado la base de dicho alminar para el primer cuerpo de la torre.  La fachada tiene escasa decoración, separándose las dos plantas con que cuenta mediante cornisas voladas, más pronunciada en el balcón principal. La torre de planta cuadrangular tiene chapitel cubierto con ladrillos vidriados.

Es un conjunto compuesto de varios elementos aglutinados en torno a la torre de la Catedral Vieja de Santa Cruz: La Casa de la Contaduría y la Casa del canónigo Termineli, que datan documentalmente del siglo XVI, y el Patio Mudéjar o Casa del deán Rajón, levantado por éste en 1500. Lo habitaron primero los capellanes y mozos de coro de dicha dignidad y se convirtió después en el Colegio de acólitos y seises con varias interrupciones hasta los años cuarenta del pasado siglo.
     Estas salas fueron inauguradas el 8 de mayo de 2000 por sus Majestades los Reyes de España siendo obispo de la diócesis don Antonio Ceballos Atienza, gracias a los desvelos del Cabildo Catedral.



      El Museo ocupa la planta baja y primera, con acceso desde la Plaza Fray Félix a través de una portada manierista adornada con puntas de diamante que soporta el balcón con herraje de forja con el escudo catedralicio.
    Un amplio zaguán permite la contemplación de diferentes obras pictóricas entre las que destaca la Inmaculada Grande, cuadro de la escuela madrileña de singular belleza.

          Sala de los Obispos




    En la sala de los obispos se puede observar los retratos de los mismos que se distinguieron por su contribución a la obra y a la fábrica catedralicia además de aquellos que fueron conocidos por su vinculación a la ciudad de Cádiz, entre ellos señalamos especialmente el del Prelado fray Domingo de Silos Moreno. 

Que se encuentra a la derecha en el centro de la sala fue el obispo que logró terminar la obra catedralicia y consagrar el templo el 28 de noviembre de 1838 después de 116 años de obras, en una vitrina puede contemplar el libro de honor de estas salas.

Abierto por la página de la dedicatoria que dejaron los Reyes de España don Juan Carlos y doña Sofía el día de la inauguración.

               Sala Romántica




           
         En esta sala romántica encontramos documentos relacionados con la Iglesia gaditana, en la vitrina pueden verse el libro de los juramentos de los obispos desde el siglo XVI al siglo XX, una carta autógrafa del Beato Diego José de Cádiz, el documento original y boceto firmado por Luisa Roldán “La Roldana” que se encontró en la cabeza del Ecce Homo que se encuentra en la Catedral y por último un crucifijo de bronce y caoba de 1930 atribuido a Mariano Benlliure.
       En esta sala se exhiben también muestras de pintura religiosa del siglo XIX como las obras de San Hermenegildo y Santa Inés del artista Vallés de Sevilla de a mediados de siglo, Santa Filomena y Santa Isabel obras de José Gutiérrez de la Vega sevillano que pasó a Madrid como pintor de la Corte, donde realizó dichas obras hacia 1840 y el anónimo de San Fernando, estos cinco cuadros fueron donados por la familia Ruiz de la Puente. Completan la colección la Virgen con el Niño y ángeles de Juan José Urmeneta y la aparición de la Virgen a San Ildefonso de Toledo de José María Romero López fechado en 1847 ambos académicos gaditanos y el cuadro anónimo de la Virgen con el Niño del siglo XVIII muy murillesco.

         Sala de 1812



    Recientemente se ha habilitado una sala dedicada a Las Cortes de Cádiz de 1812 y su relación con la Iglesia. En ella se exponen documentos y objetos relacionados con estos hechos, entre los que destacan el decreto de abolición de la Inquisición, las partituras del Te Deum compuesto para tal ocasión o la mesa sobre la que la tradición de la iglesia afirma que se firmó el texto constitucional
     Esta nos introduce en el Cádiz que elaboró y juro la primera Constitución española emanadas de las Cortes, en ella se hace visible la contribución de la iglesia de Cádiz a este evento trascendental para la Nación.
    En el centro de la sala se expone la mesa del Arzobispo de la odisea y Obispo de Cádiz Don Acisclo de Vera y Delgado, quien convocó las Cortes. Es tradición que, en esta mesa se firmó y presidió la firma del documento constitucional el 19 de marzo de 1812.

    Al fondo de la sala contemplamos una cajonera de principios del siglo XIX muy rica de maderas nobles, caoba con incrustaciones de madera de Manzano, se corona con una cornucopia dorada de estilo barroco y dos capillas con las imágenes de San Francisco y San Juan Nepomuceno de finales del siglo XVIII, sobre la cajonera podemos contemplar el cáliz que se utilizaba todos los días antes de comenzar las sesiones a Cortes es un regalo del rey Fernando VII, se trata de un cáliz de los denominados limosneros, cada año en la fiesta de la Epifanía el limosnero real regalaba en nombre del rey un cáliz de semejantes características a iglesias concretas, muy interesante también el crucifijo de Marfil sobre Cruz de ébano del siglo XVII y que presidía la Santa Misa en el Oratorio, que se puso anexo a las salas del congreso y donde escuchaban misas los diputados, se exponen retratos del citado obispo Acisclo de Vera, quien presidió la diócesis desde 1815 a 1818 y del Magistral Antonio Cabrera erudito sacerdote que se distinguió por su cultura y apertura hacia las ideas constitucionales, siendo el encargado de predicar y suscitar la adhesión del pueblo de Cádiz al documento constitucional en el Te Deum que se celebró tras la lectura pública en las plazas y posterior procesión cívico religiosa en la Iglesia del Carmen lugar más a salvo de las bombas de la armada francesa que caían en la ciudad.
    En las vitrinas puede contemplar documentos de personajes y asuntos relacionados con la Constitución de 1812 así como las partituras originales del Te Deum que se escribió para la proclamación de la misma, celebrado finalmente en la Iglesia del Carmen obra de Nicolás Zabala maestro de capilla de la Catedral.
     El expediente de órdenes sagradas del cura de Algeciras Terrero, que tuvo intervenciones interesantes en Cortes y el expediente de canogía del Magistral Cabrera orador del Cádiz doceañista.
     A la salida de la sala puede contemplar el cuadro de la Inmaculada, obra del pintor academicista Francisco Vallés, la Inmaculada Concepción fue siempre honrada por los reyes españoles, siendo nuestra nación la que más trabajó y pidió que se programase como dogma.
   El 8 de noviembre de 1760 el papa Clemente XIII firma la bula quantum ornamenti por la que sancionaba complacido el Patronato. En una de las vitrinas se expone una carta de Carlos III anunciando al obispo Tomás de Valles que la Inmaculada ha sido proclamada con fiesta religiosa patrona de España y de las Indias para regocijo de su devoción y la de todos sus reinos.

           Patio Mudéjar





      Un precioso patio, de estilo mudéjar, único en la ciudad. Con columnas de mármol de tipo árabe, con capiteles con acantos poco resaltados, de tradición levantina, y de uso común en la arquitectura, del momento, andaluza. De clara inspiración nazarí. Se accede a él por una bella puerta con alfiz, típico del mudéjar. El patio en cuestión tiene dos plantas, una baja en la que los arcos se orientan en torno al centro. Y una primera, donde hay una serie de arcadas de medio punto, de aspecto compacto. 
      El patio mudéjar levantado sobre la cávea del Teatro Romano, sin duda la muestra más antigua conservada y en uso  de la arquitectura civil en Cádiz.
      Su luz tamizada nos invita a detenernos en sus matices con sus columnas de mármol blanco, el patio es de una belleza recogido y encanto especial con arcos escarzanos sobre columnas de capiteles de moño y arcos de medio punto resaltados inscritos en alfiz, construidos en ladrillo visto que nos traen el recuerdo de las construcciones árabes.
 En el centro una gran tinaja extraída de las excavaciones realizadas, en el lado izquierdo se encuentra el arca de tres llaves de la casa de la Contaduría.



  Sobre el mismo la obra en lienzo de la escuela de Rubens expulsión de Agar e Ismael por Sara.
     Observe las dos reproducciones de los grabados  depositados en el Archivo de Simancas donde se ve la ciudad de Cádiz del XVI.

      Bajo la plataforma se encuentra, según los eruditos, el trazado de la calle que tiene bajo sus pies que unía directamente con el Teatro Romano.

       Sala de los asaltos


     Una pintura y exvoto nos habla del asalto a Cádiz por los anglo holandeses en 1596, es una pintura del siglo XVII que recoge el momento en que los soldados invasores fusilan el cuadro de Nuestra Señora del Pópulo que estaba sobre la puerta de la ciudad, la misma tiene un importante interés iconográfico, pues nos define el caserío de Cádiz a finales del siglo XVI.
     29 de junio de 1596 frente a las costas de Cádiz se presenta una poderosa flota integrada por 157 naves inglesas y holandesas armados en pie de guerra al mando del conde de Essex general inglés, favorito de la reina Isabel I de Inglaterra, tenía por misión apoderarse de la flota española que, cargada con innumerables riquezas se encontraba en el puerto de Cádiz pronta para zarpar a las Indias.
       Los habitantes de Cádiz se preparan con rapidez para la defensa, algunos llevaron pesadas piedras a las azoteas para arrojarlas sobre las cabezas de las tropas invasoras en las calles, incluso las mujeres trabajaron en la defensa. El primero de julio de 1596 los navíos ingleses atacan, y después de varias horas de intenso y mutuo cañoneo contra los principales galeones españoles logran dejarlos fuera de combate ante lo cual y a fin de evitar que la flota que iba a las Indias cayera en manos enemigas los españoles ordenan el incendio de la flota y de todos sus galeones.
        Después de un par de semanas en Cádiz el ejército anglo holandés se embarca en la flota rumbo a Inglaterra llevándose a los rehenes españoles no sin antes incendiar y saquear la ciudad de Cádiz la cual quedó reducida a cenizas.


       En el centro de la sala un retrato del cardenal Antonio Zapata de Cisneros obispo de Cádiz del siglo XVI fundador del Seminario Diocesano de San Bartolomé, que fue contemporáneo del asalto de Cádiz y quién mandó fortificar la ciudad, murió en Madrid en 1635.


    En el lado derecho destaca la cruz de tablas, hecha con madera quemada del incendio de la Catedral Vieja, tiene un valor histórico religioso y sentimental, pues ante ella se celebró la primera misa después de abandonar los ingleses la ciudad en el verano de 1596.


   Al salir de la sala se puede contemplar a la izquierda el cuadro de la impresión de las llagas de San Francisco, copia realizada por la académica Ana de Urrutia del original de Murillo que se encontraba en el sagrario de la capilla de los Capuchinos ubicada hoy en el Museo de la Ciudad.

                  Sala de Levante

     El icono griego San Juan dictando el Evangelio a Prósforo es una obra del pintor cretense Damasceno o Damasquinós, en él se representa al evangelista ya anciano retirado en Éfeso dictando su Evangelio a su discípulo Prósforo.
    El icono es un depósito de la Fundación Fragela vinculada desde sus orígenes al Cabildo Catedral, fue maestro de El Greco, la pintura es una excelente muestra de la religiosidad oriental.


    Justo detrás puede contemplar la extraordinaria pintura de la Magdalena penitente obra anónima del siglo XVII que nos trae de inmediato el recuerdo de la pintura de Ribera, restaurada hace unos años la pintura nos muestra a María Magdalena retirada en una gruta de Marsella de rodillas en concentrada oración, a sus pies el tarro de los ungüentos y sobre una roca el libro de los Salmos y un crucifijo.
     El tema de María Magdalena fue una constante en la pintura de la Contrarreforma, pues invitaba a la oración y a la conversión de los fieles, se exponen igualmente dos excelentes tablas flamencas: El Prendimiento de Cristo y la Coronación de Espinas, del pintor Juan de Borgoña, realizadas en el siglo XVI, pertenecieron a un retablo desaparecido, hoy pueden contemplarse en toda su belleza original tras una reciente y cuidada restauración en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico en Sevilla.
     Como en tantos cuadros de la época, el maestro interviene en la composición y en las figuras principales y en otros personajes secundarios se ven las manos menos expertas de los pintores del taller. Si observa la tabla de la Coronación de Espinas, contemplará el rostro del rey Carlos V arrodillado y descubriéndose ante Jesús mientras le entrega el cetro. A derecha e izquierda de las tablas flamencas puede ver dos interesantes relieves en madera policromada, la Anunciación y la Adoración de los Pastores de las juvias de Andrés de Ocampo del siglo XVI, son también interesantes piezas de esta sala de Levante.
     Una Anunciación en dos cuadros de Marcos octogonales, la Virgen María y San Gabriel obras anónimas del siglo XVII y una bella Cruz de ébano con un hermoso Cristo pintado al óleo cierran las piezas que se exhiben en esta sala.

                  Sala de los Marfiles
    Presiden esta hermosa sala las dos esculturas crisoelefantinas de los patronos de Cádiz, San Servando y San Germán.


      Para conocerlos iconográficamente según la tradición, ha de indicar que el que lleva la cruz en la mano izquierda es San Servando y el que la sostiene en la otra San Germán, son de madera policromada estofadas y marfil y son regalo de un misionero dominico al Cabildo Catedralicio.
      Estas esculturas fueron hechas en Binondo (Filipinas) en el siglo XIX, están talladas por los Anglelles, chinos que desde el siglo XVI se dedicaban a hacer esculturas cuadros y otros objetos de arte allí en Filipinas, luego estas piezas eran traídas a Europa por los galeones vía Veracruz.
       En el lado izquierdo una reproducción en miniatura del Santo Rostro de Cristo de la Catedral de Jaén, borlado de filigrana de plata. Junto a éste observe una talla de la Inmaculada labrada de una sola pieza de escuela italiana.


     
   En las vitrinas de la izquierda puede ver el hermoso crucifijo de gran tamaño en marfil, conocido como el Cristo expirante del Arzobispo Vera y Delgado, el prelado que convocó las Cortes de Cádiz, es una talla del siglo XVIII de José Pedro Muñoz, a su lado un niño Jesús denominado El Buen Pastor de escuela luso India realizado en las misiones de los jesuitas en Goa en la India es una obra del siglo XVII, fíjese en su gesto dulce y sereno, sus piernas entrecruzadas y sus magníficos bucles del pelo que lo hacen singular y único. En la vitrina derecha un crucificado atribuido al genial arquitecto escultor y pintor granadino Alonso Cano.
                      

    Para terminar en este recinto podemos contemplar la figura de un Ecce Homo de los hermanos Miguel y Jerónimo García, sacerdotes y escultores granadinos, es una bella escultura en barro cocido realizado en el siglo XVII por estos artistas maestros de Alonso Cano, que fueron canónigos de la Colegiata granadina del Salvador, precisamente esta escultura del Varón de Dolores fue donada por Alonso Cano a la Catedral gaditana según consta en los inventarios del archivo capitular. Esta bella escultura es boceto del original en tamaño natural que está en la Cartuja de Granada.

                 Sala de los Diezmos


     En esta sala, dentro de una urna de cristal, se muestra la maqueta del antiguo monumento de la Semana Santa, fue diseñado en 1780 por el arquitecto Torcuato Cayón de la Vega, dejó de instalarse en la Catedral a mediados del siglo XX, lo adornaban esculturas de profetas y de ángeles que hoy se guardan en el almacén.
     Los profetas son obras de Domenico Discardi del siglo XVIII y los ángeles que procedían de un monumento anterior son de la escultora Luisa Roldán. En el Sagrario de la Catedral puede contemplar dos de estos ángeles, pintura de grandes dimensiones representa una gloria de ángeles y es obra de la escuela de Murillo del siglo XVII. A este lienzo otro de San Antonio de Padua del pintor gaditano del XIX José García Chicano.


      Observe en esta sala las tablas de los diezmos donde se muestran las parroquias que entonces en el siglo XVII tenía la diócesis de Cádiz Algeciras y cómo se distribuía el pago de los mismos entre los distintos estamentos que los cobraban. Anteriormente estuvieron expuestas en la sacristía baja de la catedral. Finalmente se pueden ver en esta sala la balanza y pesas de la Cereria del Cabildo.  


      De nuevo en el patio mudéjar observe algunas de las pinturas que pasamos a describir grandes y de marcado interés iconográfico, es la encarnación con los profetas obra del pintor y sacerdote Juan de las Roelas realizada en el siglo XVII, este artista trabajó para el Conde Duque de Olivares, está enterrado en la Colegiata de Olivares en Sevilla. Juan de las Roelas fue el primero en la pintura sevillana que dividió un cuadro en la zona de gloria y la zona de tierra que luego se emplearon tantos pintores barrocos, ésta pintura posee una iconografía interesante, pues la escena central de la Anunciación, está rodeada de profetas que sostienen cartelas y textos alusivos a este momento evangélico.
     Frente a esta pintura una Asunción con flores, lienzo flamenco del siglo XVIII y un cuadro de flores atribuido a Juan de Arellano del siglo XVII.
            
  
     En un rincón de la crujía, junto a la escalera de acceso, dos interesantes pinturas de la escuela de Ribera,” El Españoleto” representan a los Apóstoles San Pedro y San Pablo, finalmente podemos ver en este lugar del museo una pintura manierista de San Juan Evangelista obra anónima del siglo XVII y otra pintura de flores atribuida también a Juan de Arellano.


                 Sala de los ternos
            
   
     La catedral posee una gran colección de ternos bordados, en esta vitrina puede ver una pequeña muestra.
       Destacamos en primer lugar el terno de San Pedro o de los apóstoles, obra española del siglo XVI, es el más antiguo de los que se conserva en la Catedral, a continuación el llamado terno de los Patronos, obra del taller de los Medranos  de Toledo, realizado en 1729 y que se utilizaba en la fiesta de los patronos San Servando y San Germán el 23 de octubre.
    Cerrando la muestra el terno de las flores, obra genovesa del siglo XVIII, regalo del Obispo dominico Tomás del Valle y que fue comprado por el prelado para utilizarlo en la festividad del Corpus Christi.


    Frente a esta vitrina, y cerrando lo expuesto en esta sala, una escultura en mármol de San Cristóbal, obra italiana del XVII, atribuída a Francesco María Ciasfino.


              Sala de la Inmaculada de la Contratación



        Esta sala está presidida por el lienzo de la Inmaculada de la Contratación del pintor Alonso Miguel de Tovar realizado en 1723.
     En 1717 se traslada por expreso deseo de Felipe V la Casa de Contratación de Indias de Sevilla a Cádiz. En el Oratorio de la Casa de la ciudad hispalense, presidía el recinto la Virgen de los navegantes de Alejo Fernández de gran devoción en la urbe, así con el traslado a Cádiz del organismo no se cree conveniente trasladar esta virgen de gran devoción y se encarga una nueva pintura a Tovar, éste realiza la Inmaculada que hoy pueden contemplar, aunque Alonso de Tovar es posterior a Murillo, la pintura está inspirada en la Inmaculada del hospital de los venerables de Sevilla, hoy en el Prado, conocida como La Inmaculada de Soult, la pintura muestra a María con túnica blanca y manto celeste, según la tradición que marcar a Francisco Pacheco en su arte de la pintura con las manos sobre el pecho, la Virgen está rodeada de ángeles niños y querubines dispuestos en una composición ovalada, gracias a esta pintura Tovar adquirió gran fama y fue llamado a la corte de Felipe V dónde fue pintor de cámara.


    Frente a la Inmaculada de la contratación otra pintura de María, la Inmaculada Apocalíptica del mexicano Cabrera obra del siglo XVIII,
    Cabrera, pintor y tratadista de arte, está considerado el gran pintor mejicano del siglo XVIII, en este cuadro, la Virgen Inmaculada aparece sobre el mundo con las manos unidas en una actitud delicada, sobre ella mujeres embarazadas, el Espíritu Santo y Dios Padre rodeada de multitud de angelitos, algunos con atributos de las letanías del rosario, arriba a la derecha del espectador, un ángel mancebo le ofrece el toisón de oro, mientras a la izquierda San Miguel, el príncipe de los ángeles, se acerca a rendirle pleitesía.
  Abajo a la izquierda cuatro figuras de mujeres simbolizan los cuatro continentes entonces conocidos, mientras un angelote vuelca el cuerno de la abundancia sobre Europa, abajo a la derecha del espectador, el infierno.
 Resaltar que este cuadro es un guiño a la monarquía de los Habsburgo, que consiguen el patronazgo de la Inmaculada para España y América, podemos ver el cetro, la corona real y el Toisón de oro.


   Completando las pinturas Marianas de esta Sala, la Virgen de Guadalupe, réplica de la verdadera efigie de la dulce señora de Pepeya, como le gustaba llamarla Juan Pablo II, del mexicano Antonio de Torres pintada en el XVIII, en las esquinas del cuadro en sendas cartelas, están representadas las apariciones de la Virgen a San Juan Diego y abajo en otra cartela, la Basílica de Guadalupe. Antonio de Torres es el gran  especialista mexicano en pintar a Nuestra Señora de Guadalupe.
    Destacamos en esta sala otras pinturas de menor tamaño pero de gran interés, la Sagrada Familia de la escuela de Correggio. Junto a esta tabla un Ecce Homo sobre cobre de escuela alemana del siglo XVII, frente a estos dos un pequeño cuadrito representa a Santa Lucía patrona de los ciegos, pintura del artista Marimon del siglo XVIII, otros cuadros de esta sala son un Cristo expirante copia de Guido Reni y un crucificado óleo sobre tabla de escuela sevillana del XVII y finalmente San Juan Bautista Santiago y San Pablo óleo sobre tabla del siglo XVII que recuerdan a Juan de Valdés Leal.


   Finalmente en una vitrina una escultura en mármol de Carrara de la Inmaculada Concepción obra genovesa del siglo XVIII.


                   Sala de las Custodias

     Grandes obras de la orfebrería catedralicia que convierten este tesoro en uno de los más importantes de España.


    En el muro central, que separa en dos estancias esta sala, se abren sendas vitrinas, en la primera se halla la cruz procesional de la catedral, obra plateresca del siglo XVI atribuida a Juan de Arfe.


En la segunda la custodia llamada “El Cogollo”, que es obra de estilo gótico flamígero del orfebre Enrique de Arfe, esta custodia del siglo XVI, es la que el día del Corpus Christi lleva el Santísimo y va entronizada en la torre Eucarística de la gran custodia procesional que se encuentra en la Catedral, es una interesantísima pieza de orfebrería que se nos asemeja a una catedral en miniatura, remata el conjunto la cruz pectoral del obispo Armengual de la Mota enterrado en la parroquia de San Lorenzo, en distintos nichos observamos pequeñas figuras de los apóstoles, ángeles que tocan instrumentos musicales y los patronos de Cádiz, San Basileo y San Epitasio, primeros obispos de Cádiz.
     La custodia se salvó del saqueo de los ingleses en 1596 porque fue escondida y enterrada en las criptas de la Catedral Vieja.


     Entrando en la sala a la derecha se muestra el relicario de la Sacra Espina una importante obra de orfebrería del siglo XVII, destacar el cáliz tardogótico, fíjese en su parte central llamada astil, realizado en filigrana con el nudo de flores, así como el arranque de la Copa.


      La llamada Cruz de los juramentos que mezcla los estilos gótico y plateresco, se utiliza para la ceremonia de ingreso de los canónigos, según la tradición es la empuñadura de la espada de Alfonso X el Sabio.
      Otra pieza singular es la bandeja de oro y ágatas del siglo XVI.


    

    Cerrando la sala vemos dos armarios barrocos ricamente tallados que se utilizaban para guardar las custodias, en su interior vemos que están forrados con azulejos de Delf (Holanda) y donde se narran historias bíblicas y escenas populares y que, hasta la apertura de sus nuevas instalaciones en la Casa de la Contaduría, albergaron dos de las  custodias más llamativas del tesoro de la catedral.
      Estaban tapizado el interior de los armarios con tela de damasco rojo. No deja de resultar curioso cómo al restaurarlos en el año 2000 para la inauguración del museo, el descubrimiento de los azulejos resultó todo un hallazgo que causó gran sorpresa.
    Actualmente se exponen como dos piezas más del museo, cerca de las custodias que en otro tiempo guardaron, pero ya han conseguido su propio protagonismo.
    Fueron donadas en abril de 1890; “Por donativo del Sr. D. Francisco Vélez y Carbonell, hecho al Cabildo Catedral,


 A la izquierda la vitrina de la custodia del millón es la obra principal de esta sala, tanto por su mérito artístico como por su valor, ésta custodia fue una donación del consejero de Indias Miguel Calderón de la Barca y su esposa Ana Pavidal y fue realizada en Madrid en 1721. El orfebre que la realizó fue Pedro Vicente Gómez de Ceballos, la custodia es, sin duda, una de las mejores piezas de la orfebrería española del siglo XVIII. En el año 1721, un año antes de poner la primera piedra de la nueva Catedral de Cádiz, la entrega al Cabildo Catedralicio. Se caracteriza por estar hecha en plata sobredorada con multitud de perlas, esmeraldas de Colombia, brillantes, zafiros, rubíes y otras gemas preciosas; pagando por ella al maestro argentero un millón de reales. Motivo por el cual es conocida como la Custodia del Millón o la del millón de gracias.


  
  

  Junto a la vitrina que guarda el ostensorio del millón otra gran vitrina nos muestra interesantes obras de orfebrería, bandejas de plata repujada del XVIII, las ánforas de los santos óleos, la piara y cruz patriarcal de la Antigua Hermandad de San Pedro, el Cáliz de Ana María de la Viesca engarzado con sus joyas personales, el pectoral de San Pedro en oro y esmeraldas siglo XVII donación del obispo fray Tomás del Valle que aparece pintado en el retrato de este obispo en la sala de entrada del museo.


      La custodia de Ana de Viya que lleva el nombre de la gaditana que la donó en 1890, la custodia de estilo neogótico fue realizada en Cádiz por el platero Manuel Ramírez de Arellano, labrada en plata dorada y oro y con un rico viril de brillantes y esmeraldas, tiene forma de Catedral, la fachada está inspirada en la Catedral de Barcelona, en la parte inferior aparece una inscripción en la que se puede leer: “a ti oh Dios alabamos, a ti por Dios te confesamos, dedica esta memoria a Jesús Sacramentado Ana de Viya y Jauregui de quién es propiedad”, esta custodia es utilizada el domingo de la octava, donde se procesiona a Jesús Sacramentado por las naves de la catedral.

                    

 Sala de la Plata


    Esta sala es una muestra del Siglo de Oro gaditano, el conjunto está formado de diferentes piezas tanto litúrgicas como profanas, siendo el estilo que predomina en ambas el barroco y neoclásico, su cronología abarca desde el siglo XVII al XIX.
   En la vitrina central destacan las piezas litúrgicas: Cálices, vinajeras, una custodia de sol, jarras, incensario y naveta entre otros. Asimismo observe un gran conjunto de relicarios de los siglos XVII y XVIII realizados en plata repujada y cincelada así como tallados y policromados en madera, destacar la batuta del maestro de capilla de origen gaditano José Gálvez fundador del Conservatorio de Música de Cádiz del siglo XX cuya música ha sido recuperada en la colección del archivo musical editado por el Cabildo Catedral, señalemos también los distintos relicarios con reliquias de santos, especialmente un relicario en plata con un trozo de hábito de San Francisco de Asís y dos bustos relicarios del taller de la roldana con reliquias de San Mauricio y los mártires de la Legión tebana, entre las piezas de carácter profano destacan las escribanías, compuestas de tintero, pluma, salvadera, que es el vaso con arena para secar el escrito y un abrecartas.


  
  En una de las vitrinas, el palaustre de plata de la consagración de la Catedral y junto a él una colección de portapaces de plata.

             Sala de los Libros Corales

            Esta última sala contiene en el lado derecho la biblioteca de los libros de coro con los ejemplares manuscritos de los siglos XVII XVIII y XIX, con miniaturas y composiciones de música de canto llano o gregoriano.


          
     En una vitrina un libro abierto de 1680 con delicadas pinturas miniadas, las pinturas miniadas reciben el nombre por el pigmento del minio no por su tamaño como erróneamente fue difundido.


         
       
     En la vitrina de la derecha, una carta autógrafa de Santa Teresa de Jesús escrita el año antes de su muerte en Soria y dirigida al arzobispo Gaspar de Quiroga, inquisidor Real, a su lado la cabeza de cera de San Pedro de Alcántara, su director espiritual, hecha de raíces de árboles.


   
   
   Santa Gertrudis. La escultura de Santa Gertrudis, realizada en el siglo XVII, tallada en madera de cedro, fue esculpida para un retablo de la Antigua Catedral de Santa Cruz, pero fue repolicromada en el siglo XVIII tras su traslado a la Catedral Nueva. Representa a la santa abadesa vistiendo los hábitos de la orden benedictina, con su corazón habitado por el Niño Jesús y portando su báculo abacial.


    Por último un gran lienzo de la Inmaculada pintada por el gaditano Clemente de Torres en el siglo XVII, esta pintura estuvo colocada tradicionalmente en la capilla de las reliquias de la Catedral, hoy sagrario del templo, a modo de anécdota contar que en este mismo lugar estuvo expuesta durante la restauración del Oratorio de San Felipe Neri, la gran Inmaculada de Murillo, hoy en día repuesta de nuevo en su lugar de origen.
    Por la escalera principal de la casa de contaduría, en el rellano una bella bóveda vaída que muestra en relieve el escudo del Cabildo.


Fuentes: Cabildo Catedralicio, Wikipedia, Diario de Cádiz.

Fotos: J. Luis Varela                     Cliquear foto para ampliar